Si comentara en este blog todo lo analizado en estas últimas semanas de aprendizaje, debería incluir reflexiones sobre:
• Reuven Feurstein y el aprendizaje mediado, conceptualizando aprender como parte de la transmisión cultural.
• Howard Gardner y las múltiples inteligencias, ya relacionadas por varios autores con el desarrollo de competencias laborales.
• Daniel Goleman y la Inteligencia emocional como base para desarrollar competencias de vida.
• Jean Piaget y su teoría del desarrollo cognitivo, influenciado por las enseñanzas de Alfredo Binet acerca de la inteligencia, y a la vez, sirviendo de base para el trabajo de Kohlberg.
• Lawrence Kohlberg y su teoría del desarrollo moral, en la que el “role – taking” o capacidad para ver el mundo desde la perspectiva de los demás constituye el inicio de la formación del juicio moral que se dirige hacia la autonomía.
En vez de esto, quisiera exponer brevemente mis conclusiones personales acerca de todos estos temas:
El proceso de enseñanza - aprendizaje es, definitivamente una transmisión cultural. El pertenecer a un determinado gremio, digamos los andragogos, significa que tenemos la cultura propia de ese gremio, y que esto es lo que transmitimos hacia las personas con las que trabajamos.
Sin reciprocidad, no hay aprendizaje posible. Puedo transmitir cualquier mensaje, por hermoso o útil que sea, pero si no cubro los posibles detalles que puedan bloquear su recepción e interpretación por parte del educando, no habré logrado nada.
La cuestión aquí es que para lograr esta mediación del contenido me es imprescindible conocer la cultura (creencias, basadas en emociones y sentimientos) del sujeto. En otras palabras, debo desarrollar las competencias intra e interpersonales, o la inteligencia emocional mía y de las personas en mi contexto, porque este es el único medio que tengo para “tocar a la puerta” y llamar la atención de esta persona o grupo a quienes deseo acercarme.
Esta es la causa de que las intervenciones “educativas” que se “importan” desde otro ambiente, sin considerar la cultura o reflexionar sobre la situación real del medio en que se van a “imponer”, simplemente no funcionen.
El educar conlleva, entonces, el desarrollo de empatía, que nos permite, al eliminar los juicios críticos, ofrecer al educando la posiblidad de cambiar su cultura para mejorar su calidad de vida.
Por lo anterior, nunca debemos considerar como tiempo perdido el dedicado a la reflexión, la introspección, la comprensión de roles y la eliminación de supuestos laborales, o el tiempo dedicado al análisis y cambio de paradigmas. En realidad, este tiempo, unido al tiempo de capacitación en los procesos o competencias específicas de nuestro campo, es el que nos abre la verdadera posiblidad de cambio.
Después de todo, la educación solo sirve si en realidad cambia nuestra cultura.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
cambiando nuestra educacion, o cambiando nuestra cultura
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